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En los últimos años, y de la mano de la globalización, los Estados-Nación han visto diluido su poder, debido al creciente establecimiento de lazos entre agentes supra y sub nacionales. Las regiones y las ciudades han cobrado un protagonismo cada vez más amplio en su búsqueda de mayor autonomía y presencia en el mundo.

Específicamente, las ciudades se han convertido en buena medida en artífices de sus propios posicionamientos globales. Se conectan entre sí por diversos fines, algunas para cooperar en aspectos culturales, otras en proyectos para mejorar la calidad de vida de sus poblaciones, como así también para realizar acuerdos con el objetivo de asegurar la paz, prevenir conflictos o seguir los objetivos de desarrollo sustentable. Los fines son múltiples y de gran provecho para un mundo en el que las posibilidades de generar lazos están en constante aumento.

Dentro de las Relaciones Internacionales, esta forma de actuación global de las ciudades se está consolidando bajo el concepto de “para-diplomacia”. Según Noé Cornago (2001: 56): “la paradiplomacia puede ser definida como la participación de los gobiernos no centrales en las relaciones internacionales, con el propósito de promover diversos aspectos socioeconómicos o culturales”. Sin embargo, sus acciones no interfieren con la política exterior desplegada por los Estados que integran, sino que cubren y enriquecen aquellas áreas a las que es Estado no llega.

Diversos mecanismos de cooperación y asistencia entre los agentes sub-nacionales se desplegan en el contexto internacional, es así que existen: la Red de Ciudades BID, en el marco del Banco Interamericano de Desarrollo con el fin de conectar a las ciudades latinoamericanas y caribeñas para el Desarrollo Urbano Sostenible; la red C40 Cities, que une a las mega-ciudades del mundo para realizar acciones para combatir el cambio climático; y el grupo Mercociudades en pos de crear políticas que aseguren el desarrollo y el bienestar de las ciudades latinoamericanas; entre otras tantas organizaciones internacionales.

En Argentina, la facultad de las provincias y los municipios de realizar convenios con otros Estados, Regiones o Ciudades, es reconocida por la Constitución Nacional, siempre y cuando no se oponga al espíritu y principios de esta última. En este sentido, y bajo el actual contexto de aislamiento por la expansión de la pandemia por el coronavirus Covid-19,  muchas ciudades se han hermanado con otras con el fin de afrontar los obstáculos y problemas que existen, especialmente post-cuarentena.

Cuando entrevistamos a la concejal Lucía Allende de la ciudad de Alta Gracia, provincia de Córdoba, Argentina, nos informó que el rol de su municipio frente al coronavirus está supeditado a un COE (Centro de Operación de Emergencia) regional, creado desde el Gobierno Provincial, el cual no ha logrado unificar y dar un mensaje comunicacional claro, a la par de no instalar postas sanitarias de control las 24hs, como sí hubo en municipios vecinos. Según la edil “no existe un plan de acción concreto”. Es decir que el gobierno municipal, a pesar de poseer una gran oportunidad en su favor para supervisar y controlar la propagación del virus, ha realizado una actuación limitada.

Con el correr de las semanas, “la necesidad de la reactivación laboral dificulta la continuación de la cuarentena. Por ello se hace necesario conocer y abordar otras formas posibles para la refuncionalización y reorganización de las economías”, dice. En las ciudades éste imperativo es más palpable debido a la cercanía entre los ciudadanos y los equipos de gobierno municipales. Según Allende “luego de la crisis el único fortalecido va a ser aquel que ofrezca una solución concreta  y mejoras económicas viables, lo cual hoy es una incertidumbre”. No considera que los municipios puedan generar eso solos.

En esta ciudad de la provincia de Córdoba, no se genera una instancia de cooperación con otros municipios o redes globales, en cuanto a coordinar medidas o protocolos similares ante el coronavirus.  “No hay lazos con el exterior ni siquiera desde antes de la pandemia, como podría haber sido en el sector turismo o apoyando alguna industria local, por ejemplo, a que exporte”, dice Allende.

Finalmente concluye aportando lo siguiente; “que ha participado de capacitaciones de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sustentables) 2030, de Naciones Unidas, pero que es difícil implementarlo sin acciones concretas, aunque sí está en agenda presentar algunos proyectos que surgen de ahí”. En este sentido, se intuye la existencia de una posibilidad de acción municipal a un nivel más macro, es decir, conectada a otras zonas, ciudades, Estados y Organizaciones Internacionales.

El municipio tiene que ser visto como un actor de importancia, así sea subnacional, con posibilidades de investigar, generar, coordinar y/o afianzar acciones de cooperación y asistencia internacional con otros municipios pertenecientes a otras Regiones y Estados para afrontar el próximo escenario post-cuarentena. Con mayor flexibilidad en apertura y horarios de los comercios, ventas on-line, certera llegada a la población y comercios barriales, generando interconexión entre las distintas áreas, entre otras acciones.

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Magali López.

Lic. En Relaciones Internacionales

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